7 dic. 2010

Sal para almacenar energías renovables

Foto: Kevin Dooley
Ya nadie duda  que el futuro está en las energías renovables, que cuentan con la ventaja de que ni el sol ni el viento se van a acabar (como sí va a ocurrir con el carbón), pero tienen también un gran inconveniente: ni el sol brilla ni el viento sopla a todas horas, por lo que es necesario dar con un método eficaz para su almacenamiento. De momento, el que tiene más posibilidades de ganar es la utilización de la sal.


¿Cómo usar la sal para almacenar energía? Muy sencillo: aprovechando las altas temperaturas obtenidas a través de los rayos de sol se funde la sal, se pone en contacto con un intercambiador de calor y produce vapor de agua. A partir de aquí todo es como en una central térmica de las de siempre: el vapor mueve las turbinas y se produce así la electricidad.

La ventaja principal de las sales es que logran mantener el calor durante horas (y conservan un 93% de la energía), de forma que el calor acumulado durante el día puede ser utilizado durante la noche o un día lluvioso. Además, se trata de un material común y barato, aspecto que juega también a su favor.

Pero no todo podía ser tan bonito: al estar la tecnología todavía en su fase de desarrollo, la energía generada todavía no consigue tener un precio competitivo. Además necesita una extensión de terreno muy amplia y soleada para sus complejas instalaciones, lo que no facilita las cosas. Es por ello que también se está experimentando con otras mezclas, como el nitrato de litio o el de calcio, aunque resultan más caras.

En los próximos años veremos en qué acaba todo esto, pero se trata sin duda de una necesidad bastante acuciante y las sales podrían tener la solución.

Vía | Consumer

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