3 sept. 2010

El riesgo del emprendimiento - Autor invitado: Enrique Castellón, presidente de Cross Road Biotech

Emprender con éxito implica asumir bastantes riesgos. Foto: divemasterking2000
Este post es el primero de una serie en la que iremos dando la palabra a expertos en bioemprendimiento, para poder ofrecerte sus consejos y visiones desde dentro.

El riesgo del emprendimiento

Es evidente que las cosas están cambiando muy rápido en el entorno científico. La tendencia a proteger los descubrimientos a través de patentes se ha extendido como una marea que alcanza a todos los centros de investigación biomédica. La creación, basada en esas patentes, de spin-offs de las propias instituciones, progresa con el estímulo de las propias administraciones públicas.


Todo esto va deprisa y quizá por ese motivo se aprecian ciertos gaps culturales -la mayor parte de los investigadores siguen fielmente adscritos a la cultura académica tradicional - que dificultan que los proyectos despeguen, en algunas ocasiones por la dificultad de encontrar capital privado que releve a las primeras inversiones públicas, otras veces por las dificultades de desarrollar habilidades de gestión o incorporar profesionales capacitados para ello. Lo hemos visto en el pasado en países que ahora están por delante.

Algunos investigadores consideran a las nuevas empresas que contribuyen a crear una derivada más de su trabajo científico, una fuente adicional de ingresos con la que ampliar su estructura. En ese sentido, más que hablar de spin-offs, deberíamos hacerlo de spin-ins, protoempresas en las que el cordón umbilical con las instituciones nunca se llega a romper.

Los inversores no lo ven así y se resisten a invertir en proyectos donde el emprendedor no lo sea realmente. Esperan que el científico que promueve una empresa se implique hasta el final, asumiendo los riesgos inherentes a cualquier iniciativa pionera. Es difícil pedir a nadie que se arriesgue financieramente si quien pide rehúye el riesgo. Especialmente porque el investigador conoce a fondo su ciencia y debe emitir señales que indiquen que cree verdaderamente en ella. El miedo al fracaso alimenta una cultura que lo penaliza.

El bioemprendedor tiene que ser consciente que una buena idea puede “triunfar” académicamente, pero eso no implica el éxito en su traslación a una aplicación comercial concreta. Hay riesgos tecnológicos, de gestión, financieros, regulatorios y en última instancia de mercado. Muchos nos hemos formado en la seguridad del entorno público y resulta difícil entender la vida de otra manera, pero asumir el riesgo es la única manera de generar la confianza necesaria para que fluyan los recursos.

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Enrique Castellón es Socio fundador y Presidente del Consejo de Administración de Cross Road Biotech, empresa dedicada a la creación y desarrollo de start-ups biotecnológicas en el ámbito de la salud.
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