6 jun. 2011

Vacunas de ADN: ¿el futuro?

De la utilidad de las vacunas y lo que han supuesto para la erradicación de muchas enfermedades nadie duda, pero eso no significa que esté ya todo hecho y que no haya que seguir investigando para poder continuar avanzando y conseguir así vacunas cada vez más eficaces. Y una de las ramas más prometedoras, aunque todavía en fase experimental, es la de las vacunas de ADN.

¿En qué consisten y en qué se diferencian de las vacunas tradicionales? Muy sencillo: en vez de inocular con el patógeno o con las partes del mismo que generan una respuesta inmune, lo que se inocula al paciente es el código genético que produce precisamente esas partes del patógeno.

Es decir: lo que se inserta al individuo que debe ser vacunado son plásmidos (pequeñas moléculas de ADN circular presentes en muchas bacterias), que a su vez transfectan algunas de las células del paciente. ¿El resultado? Las células del paciente serán las que generen los componentes contra los que se debe dar esa respuesta inmune, lo que garantiza una inumnización fuerte y duradera.

A esta calidad y duración de la inmunización se suman otra gran ventaja que no debe ser menospreciada: los plásmidos son muy estables, lo que hace que las necesidades de almacenamiento y transporte sean menores y, por lo tanto, más baratas. De hecho, las vacunas de ADN podrían ser almacenadas en lugares cuyas instalaciones no servirían para almacenar otro tipo de vacunas (por ejemplo, lugares sin cadena de frío).

De momento el principal inconveniente es que las investigaciones están todavía en una fase muy temprana y que, si bien se han obtenido resultados muy positivos con animales, las pruebas con humanos están resultando ser algo menos exitosas. Es de esperar, no obstante, que con el tiempo las investigaciones avancen y logren superar los obstáculos que están encontrando ahora. Quizá en unos años las vacunas de ADN estén a la orden del día...

Vía | Febiotec

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